“Me siento muy orgulloso de haber pertenecido al Instituto, no solo encontré las mejores bases educativas, también me realicé como persona, aprendí muchas cosas. Elegí estudiar allí porque me pareció un lugar fuera de lo común, no discrimina a nadie por su raza, por su condición sexual”, expresó Juan Pablo Ángel Londoño, un joven que llegó al Instituto Comfamiliar en el año 2015 y poco a poco se ganó la confianza y admiración de compañeros y alumnos, a tal punto que en 2016 fue elegido como personero de su colegio.


Desde que ingresó a la institución educativa se caracterizó por su liderazgo y compromiso social, dones que le entregó Dios y que fueron fortalecidos por sus padres Óscar y Luz Dary, quienes siempre lo han apoyado en su labor desinteresada por la comunidad y en su preocupación por el bienestar del más necesitado, y quizá esas virtudes fueron las que lo llevaron al principal puesto estudiantil de cualquier colegio.

“El coordinador Jaime Martínez me dio esa confianza y me dijo que le gustaría verme como Personero, me decidí y me postulé, afortunadamente, gracias al apoyo de mis compañeros, gané. Hice muchas propuestas y varias de ellas las llevé a feliz término, fue el caso de los campeonatos deportivos internos que apoyé y pudimos realizar en el Parque Consotá, también hicimos otras cosas de forma callada, celebramos un día a los empleados de Comfamiliar por la atención a todos nosotros, de igual forma, hice la gestión para colocar unos pasamanos a la entrada de la cafetería, allí no había y un día me tocó ver cómo una señora se cayó”, acotó Ángel Londoño.
Sin duda alguno, en su paso por el Instituto Comfamiliar, no solo se destacó por su servicio social por medio de la Personería, dejó huella por su excelente nivel académico llevando a buen término las dos facetas. Se enorgullece de los profesores que lo formaron y reitera que haber pasado por ese lugar ha sido una de las mejores experiencias de su vida.

“Las materias que más me gustaban eran Matemática y Física, cuando me enchufaba a darle duro a los números me iba muy bien. En el Instituto hay un gran potencial de maestros con unas calidades humanas muy grandes, sin embargo, de quien más aprendí fue de la profesora Beatriz, me daba todo lo que tenía que ver con Matemáticas, me apoyó, me guió, me regañó, nunca me dejó solo”, añadió.

Este futuro médico veterinario, quien iniciará su carrera en los próximos días en la Universidad de Santa Rosa de Cabal (Unisarc), con voz entrecortada, quizá por la alegría de contar con seres muy queridos, le da gracias a Dios por sus padres y sus hermanos, en especial por Luisa y Gustavo, quienes jamás lo han dejado solo y lo han apoyado anímica y económicamente, como lo dice él, sin ellos no hubiese podido estudiar.

“Invito a los jóvenes que aún no saben dónde continuar su bachillerato, para que lo hagan en el Instituto Comfamiliar, es un colegio excelente en todas las ramas, no discrimina por sexo, color o religión, quienes trabajan allí no son solo profesores, son personas que se convierten en nuestra familia, siempre uno puede contar con el apoyo de ellos”, concluyó.


“Como personero es mucho el crecimiento que se tiene, se aprende de los demás estudiantes, de los maestros y de muchas personas que están fuera del colegio".