Dicen que el amor más grande, sincero e incondicional es el de una madre para con sus hijos, sin embargo, hay padres que la vida les entregó la difícil misión de cumplir ese rol maternal y lo hacen con lujo de detalles, este es el caso de Jhon Jairo Betancur Cardona, un campesino de 53 años de edad quien se ha convertido en el Ángel de la Guarda de su hijo Jhonny Alexánder, quien cursa décimo grado en el Instituto Comfamiliar.

Con el arribo de Jhonny al hogar conformado por Jhon Jairo y Luz Mery, no solo llegó la alegría, fruto de un gran amor, también llegaron las más duras pruebas que hoy, 30 años después, de la mano de Dios han logrado superar.

Entre la paradoja de la alegría por contar con su hijo, y tal vez la tristeza que refleja su mirada consecuencia de los embates de su existencia, Jhon Jairo cuenta que la vida lo ha tratado duro, pero que gracias al amor que siente por su unigénito, ha superado todos los obstáculos y lo seguirá haciendo con el objetivo de brindarle una calidad de vida digna.

“Toda la vida he luchado con mi hijo ya que desde muy pequeño le cayó polio y meningitis, y quedó paralizado. No puedo negar que los primeros años fueron muy duros porque él depende totalmente de mí, pero el amor lo puede todo, y ahí vamos. Yo soy el encargado de acompañarlo en cada paso que da, desde que se levanta muy a las 7:00 de la mañana, hasta que finalmente se queda dormido en horas de la noche”, manifestó Jhon Jairo.

Pero Dios le entrega las más duras guerras a sus mejores hombres, y sin duda alguna Jhon Jairo pertenece a esa élite, pues con escasos recursos económicos, pero con mucha paciencia y amor, ha logrado sacar a su hijo adelante, a tal punto que en la actualidad Jhonny, quien necesita su ayuda para caminar, es un destacado alumno de décimo grado del Instituto Comfamiliar, lugar al que llegó hace año y medio, y desde entonces sus avances han sido notorios.

“Cada que nos toca venir a clase él se pone feliz porque en el Instituto los profesores y los compañeros lo tratan muy bien. El recorrido desde la casa hasta el lugar de estudio es muy largo porque nosotros vivimos en una finca de la vereda El Cedral, más o menos nos demoramos una hora caminando y otra más en chiva, pero aquí siempre estamos los martes, jueves y sábados que son los días de clase”.

Mientras Jhonny estudia, su papá trabaja en el mercado informal, rebusque que llaman, de esta manera no solo obtiene el sustento económico de su hogar, sino que subsidia parte de los pasajes y los algos de su hijo.

“Yo trabajo en una bicicleta vendiendo queso y huevo campesino que me facilita un señor de la vereda donde vivo, en cada venta me gano entre $1000 y $2000, de eso sobrevivimos para ayudarle en el estudio a mi hijo. Cuando lo dejo en el salón de clase me voy a llevar los productos a distintas partes donde ya tengo clientes, entre ellos, los del Palacio de Justicia, aquí en el Instituto también me colaboran mucho, Dios nunca nos desprotege”.

Amor de padre

Antes de llegar al Instituto Comfamiliar, Jhonny estudiaba en el colegio Gimnasio Risaralda, a donde iba diariamente gracias al esfuerzo de su padre por pagarle el transporte. Un día cualquiera se quedó sin trabajo, y el proceso académico de su amado hijo tuvo que ser interrumpido.

Fueron momentos de tristeza y angustia para este abnegado padre, quien debía cargar no solo con el peso de su compleja situación económica, sino con el aburrimiento de su hijo por no estar estudiando.

“Un día me expresó: ‘papá averigüemos en Comfamiliar a ver si me dan el estudio’, y así fue. Hablamos con una sicóloga y me dijo: ‘tenemos que mirar si su hijo depende totalmente de usted o es capaz solo’, a los días le hicieron la entrevista de admisión y pasó. Aunque, debido a su parálisis, se demora para escribir, hace muy bien las tareas y responde los exámenes con total normalidad. En el Instituto me han dicho que cuando termine el bachillerato me lo apoyan para conseguir un trabajo, eso me da mucho aliento porque lo amo, y su felicidad es mi felicidad”, concluyó Jhon Jairo Betancur Cardona.

El Mensaje

“Padres, un hijo siempre será una bendición de Dios, ámenlos tal y como son, actúen siempre bien ya que ellos tomarán nuestro ejemplo, y nunca los dejen sin el amor paterno que es fundamental para que sean personas de bien en la sociedad”: Jhon Jairo Betancur Cardona.