Y de eso no tiene duda doña Amparo Marulanda, quien cumplió 26 años enseñando el arte de la buena mesa en el Instituto Comfamiliar.
Según Amparito, como la llaman sus alumnos, una de sus principales fortalezas a parte de la cocina, es la memoria, la misma que después de casi tres décadas la lleva a recordar a la perfección aquel miércoles 26 de mayo de 1993, día en el que con nervios, pero con alegría, llegó al Instituto Comfamiliar para quedarse. Desde entonces por sus manos han pasado cientos de estudiantes quienes con orgullo dicen que son egresados de la Escuela de Artes y Oficios de la Caja de Compensación Familiar de los risaraldenses.
Proveniente de una familia pereirana conservadora de estrato alto, en la que siempre hubo una señora del servicio por lo que ni a sus cuatro hermanos ni a ella les permitían acercarse a la cocina, doña Amparo rememora que aunque muy pocas veces ingresaba a este lugar de su casa de donde emanaban los olores y sabores más ricos que posteriormente llegaban a su paladar, cuando sus papás no estaban, lograba para acercarse y aprender de la sazón de Maruja, quien los acompañó en casa durante toda su vida.
“El amor y el gusto por la buena comida lo he tenido siempre, en mi casa cocinaban delicioso, mi mamá lo hacía muy bien, pero la que organizaba los alimentos era la empleada, entonces desde muy chiquita me metía, y aunque no nos dejaban entrar, me volaba y le ayudaba a Maruja”.
Entre la familia y el estudio

Amparito creció, se casó y formó una hermosa familia integrada por sus hijos Victoria Eugenia, Julián y Juan Guillermo, a quienes desde muy chicos deleitó con cada uno de sus platos. Pero ella siempre quiso ampliar sus conocimientos culinarios y fue por ello que cuando su último hijo ingresó a la universidad como Administrador de Empresas, decidió viajar a Medellín a realizar un curso en la Escuela de Cocina de la capital antioqueña, una de las pocas y de mejor calidad que por ese entonces existían en Colombia.
“Al regresar a Pereira me contactó una señora Rosalba Vargas, en ese entonces directiva de Comfamiliar, que sabía que yo había estudiado cocina en Medellín. Me llamó a ofrecerme que fuera profesora, le dije que nunca había trabajado, pero que ensayáramos. Me fascinó enseñar, me gustó mucho y me quedé ahí, llevo 26 años y acá paso más tiempo que en mi casa”.
Desde entonces son muchos los cocineros y cocineras que han pasado por la Escuela de Artes y Oficios con el objetivo de adquirir los conocimientos compartidos por la abuela de Daniel, Jacobo, Eduardo, Luisa y Jerónimo, quienes les insisten a sus padres que los traigan a Pereira exclusivamente a disfrutar de las delicias de Amparito.
Cocinar y comer bien


Actualmente, esta hermosa mujer, quien se deleita no solo enseñando a preparar provocativos platos, sino que le encanta comer mariscos y carnes, dicta cursos de carnes, postres y ensaladas nivel I y II; pero sin duda alguna la materia denominada Renovemos el menú diario I y II es su preferida, “no es hacer lo básico de una cocina, es cocinar muy bueno con el mercado que uno tiene en la casa, no se necesita gastar mucho dinero para hacer comidas especiales, solo tener el conocimiento y darle el toque de amor a lo que se prepara. Si a uno le dan un agua con cariño, le sabe rico”, concluyó Amparo Marulanda.
El Dato
La abuela Amparo también es especialista en etiqueta, materia que complementa las clases de sus alumnos. Además, con el tiempo también ha ido afianzando sus conocimientos en pastelería para bodas, fabrica tortas por encargo.